Cosiaca

Descalzo fastidiaba a las meseras,

con acento y sin pelos en la lengua.

Sin afán y con hambre,

disfrutando gratis su fiambre.

El hambre fue la razón

de su tono vulgar y burletero.

Descansa entre cuentos,

descansa entre pueblo y pueblo.

La barba, y el ceño.

Astuto y malicioso.

Eran los gestos,

de este típico antioqueño

Con su ruana y sombrero,

murió Cosiaca en su lecho.

Rodeado de ladrones,

un abogado y un médico.

Así fue su último deseo.

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